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Publicaciones Editadas de José Vento González

Diputación de Valladolid- José Vento González 2011/07

UN ACERCAMIENTO A LO HUMANO
PINTURAS Y ESCULTURAS DE VENTO GONZÁLEZ

 

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Homo sum, humani nihil a me alienum puto («Hombre soy, nada humano me es ajeno»).
Publio Terencio Africano en su comedia Heauton Timoroumenos (El enemigo de sí mismo), del año 165 a.C.

En la obra artística de José Vento González (Quart de Poblet, Valencia, 1940) el centro nodal de su fundamentación estética radica en un acendrado sentido humanista. Así lo prueba el conjunto de su ya dilatada producción, a cuyo través se evidencia una preocupación constante por el ser humano. De ahí que el título de la presente exposición –Un acercamiento a lo humano– enfatice su interés por la persona, por la Humanidad. A lo largo de más de cuatro decenios de intensa actividad creativa interdisciplinar (pintura, dibujo, grabado, escultura, murales cerámicos, ilustración de libros, portadas, carteles, revistas…), ha venido estableciendo una fructífera relación temática entre la figura humana y su entorno. Sus figuras casi nunca están solas, siempre se procede a su imbricación–y en ocasiones a su fusión–, pues para su autor el mundo no es una suma de individualidades sino el resultado mutante de un continuado proceso de comunicación.

 

Vento González inició su andadura artística a principios de los años sesenta, y desde entonces ha venido llevando a cabo una obra de singular enjundia, pormenorizadamente estudiada por especialistas1, arrancando desde su formación en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Carlos de Valencia (pintura,
grabado calcográfico, escultura), y en la Escuela de Cerámica de Manises.

 

Con un excepcional dominio del dibujo, que imprime al conjunto de su obra (en sus diferentes procedimientos) una valoración tridimensional, en lo que respecta a su faceta pictórica cabría resaltar algunos de sus rasgos más característicos. Señalemos de entrada un logrado equilibrio entre las formas y el color, cuya riqueza expresiva se fundamenta en una composición compensada, trasunto que es de su armónica concepción integradora de lo artístico y lo humano. El espectador advertirá de inmediato que en estos cuadros (al margen de sus espléndidos bodegones de configuración geométrico-arquitectónica), las figuras experimentan una suerte de hipóstasis al irse intercalando los planos. (La lección de Picasso queda pues bien absorbida –cubismo sintético, superposición de planos–, así como las huellas del Expresionismo, del Rayonismo, del Futurismo y del Surrealismo). En este proceso de compenetración las composiciones se vertebran mediante estructuras geométricas. Se trata de un juego –planteado volumétricamente– de yuxtaposición e interpenetración de planos en el que se verá inserto el solapamiento de sus cuerpos: esas figuras estilizadas, serenas y a la vez pletóricas de energía. Tampoco escapará a la mirada escrutadora la expresividad surgida de los contrastes entre la luz y la sombra, utilizando planos facetados de distinta orientación y cromatismo. Unos contrastes de color –decimos- servidos con texturas muy poco matéricas y tintas cada vez más planas, nutriente vital que son de esos elementos figurativos inscritos en formas planas redondeadas o en fondos que evocan dameros de azulejos cerámicos y trazados en procesos geometrizantes. (Parafraseando a su autor, «…voy construyendo …hacia una geometría sin ser pura geometría»). Y todo ello buscando la sensación de volumen escultórico mediante un recorte muy vivo, rotundo, de los perfiles, que producen un «efecto de collage», ya que su formalización bidimensional se sustenta en un fondo escultórico.

 

Ya hemos apuntado que la continua reflexión acerca de lo humano constituye la levadura de esta obra, de la que no puede escapar –en consecuencia – un sentido emotivo. De tal modo que entre la variada complejidad de las relaciones humanas encontremos en estas pinturas unas veces temáticas amables y otras, por el contrario, críticas, de implícita denuncia social. Porque junto a ese universo poblado de brindis y sombrillas; de confidencias y de contactos; de agradables escenas familiares; de fraternidad, amor filial y de pareja; de músicos, contorsionistas y cantautores…, también se retrata otro: el de la violencia y la frustración, las guerras, los atentados, la inseguridad, las violaciones, las injusticias, el ambiente urbano que propicia el escapismo de los problemas de la juventud, las tensiones relacionales en la pareja y sus difíciles equilibrios…

 

Toda esta vida fluyente, mutante, eternamente in fieri, debe ser reflejada –así lo entiende su autor– mediante movimientos y ritmos, es decir, dinámicamente, expresando sensaciones y vivencias. No nos resultará por tanto extraño que (según esta clave que otorga una perspectiva constructiva-conceptual), Vento González sugiera en determinados cuadros una acentuación rítmica en colores y formas a través de sus peculiares «líneas pintadas» (intermitentes trazos de color que refuerzan todavía más lo bien definido de sus contornos): un hábil recurso rescatado del pop que suma así a estas pinturas una nota de luminosidad y calidez.

 

El espectador, en una primera mirada abarcadora, captará la unidad temática de los mármoles y bronces que Vento González ofrece en esta selecta muestra: la figura humana, pues no en vano ha orientado su obra hacia el lenguaje de la abstracción, pero manteniendo esta efigie morfológica en el eje central de su creación. A su través emana un estilo personal cargado de humanismo; un orbe personal de formas en el que lo figurativo y lo abstracto se superponen y contraen. Una siguiente mirada –ahora más detenida– recalará en el dominio de ejecución que evidencia la rotundidad de los volúmenes, su estructura formal compacta, el equilibrio logrado entre la masa y el hueco, la sensualidad que destilan sus simplificadas formas y sus superficies perfectamente pulidas –sinuosas, envolventes y redondeadas– con el claro predominio de la línea curva (en especial en la voluptuosidad tranquila, reposada y delicada de las formas femeninas que invitan a ser acariciadas y recorridas). Y, a partir de aquí, desde estas obras que emanan una energía vital deudora de sus raíces mediterráneas, nuevas miradas irán adentrándose en otros rasgos definitorios de esta obra tridimensional (a la que ha arribado tras experimentar con el dibujo, el  grabado y la pintura), que se ha puesto como meta la búsqueda de lo esencial: la voluntaria exageración de las formas, que se nos ofrecen a menudo distorsionadas, a la zaga de su elegido modelo de estilización del canon de proporciones (al igual que observamos en sus pinturas); una desproporción de los miembros corporales con la que su autor otorga mayor importancia y grandiosidad al cuerpo. Se apreciará también que se trata de unas esculturas en las que su autor elude los rasgos anecdóticos, desdeñando el detallismo y confiriendo a estas semiabstracciones antropomórficas un porte noble, hierático, digno. Tampoco se descuidará que todo este cadencioso repertorio de desnudos femeninos (torsos, damas en actitud lectora o cuya simplificada anatomía juega con el vacío o con la luna, maternidades, etc.) no excluye la representación masculina (pensadores, guerreros…) ni la fusión de ambas anatomías en las relaciones de pareja (abrazos o arrebatos). Como tampoco otras incursiones tridimensionales (retratos escultóricos, palomas, etc.). Esculturas, todas ellas, que están pensadas para la incidencia de la luz, pues Vento González las concibe «impelido por la irrefrenable necesidad de hacer, de manera directa, partícipe a la luz de sus creaciones de bulto» 2. El espectador se ha situado ante unas obras que han asimilado (y fundido en el propio crisol) los valores plásticos de la escultura cicládica así como lo más genuino de las culturas primitivas negroafricanas; que han incorporado la simplificada figuración de Maillol, las formas aerodinámicas de Brancusi, la plasticidad táctil y luminosa de Moore… En suma, que está apreciando una obra creativa, idiosincrática, que manifestando un interés por lo orgánico camina hacia una recuperación de lo antropomórfico; que con elegancia, contención y ternura tiende puentes entre el primitivismo, el arcaísmo y el arte de vanguardia, consiguiendo enlazar armónicamente el naturalismo y la abstracción.

Juan Ángel Blasco Carrascosa
                                            Catedrático de Historia del Arte
Universidad Politécnica de Valencia


Vento González, cuatro décadas de creatividad. 2005/03

Cuatro Decadas de Creatividad

Cuatro Decadas de Creatividad

Catálogo de la exposición en las Atarazanas de Valencia (marzo-mayo 2005):
Textos
Pascual Patuel, Eduardo Quiles, Miguel González Sanchis, Asunción Alejos, Josep Montesinos.
Traducción
Josepa Asensi
Diseño
Felix Bella
Fotografías
Francisco Alcantara, Juan García Rosell
Impresión
Pentagraf Impresores.S.L.
ISBN 84-482-3995-4
Depósito legal: V-911-2005


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