El Minimonólogo de Eduardo Quiles (Dramaturgo y Director de la Revista Art Teatral ) al Artista J. Vento González.

Minimonólogo de un espectador de arte

En la antesala de una muestra de sueños, ¿qué otra cosa es si no una exposición de arte?, suelo estar impaciente por ver la cosecha que el artista exhibe ante nuestra retina. Impaciente también por verificar hasta que punto y en la obra expuesta lo real e imaginario van de la mano, pues en ocasiones, más de las deseadas, tienden a divorciarse en menoscabo de la plenitud creadora. En Vento, en el universo de su fantasía pictórica, es factible observar ambos contenidos enlazados durante un trayecto de emociones hasta alcanzar su meta, incluido el corazón del lienzo o la fibra íntima de la escultura, y es allí donde la realidad más descarnada fundida a la fantasía creadora se muestra dispuesta a exhibir una desnudez sin tapujos para que la obra ultimada no sólo provoque el goce estético, sino que nos alerte sobre las miserias y grandezas de nuestro tiempo, ese tiempo que es el nuestro y que debemos cuidar y mejorar para que la utopía de un mundo más tolerante y justo siga su andadura y logre sus más altas metas. Sueña en ello el arte y sueña en esa utopía los frutos del  fenómeno estético y también debemos afanarnos en que lo reivindiquen todo contemplador de arte, ese público que aguarda a que las luces de una exposición enriquezcan su patrimonio existencial. Me consta que es así pues también pertenezco al club de los contempladores de arte. Y permitan que insista en algo que me inquieta. Se ha dicho que la noción de realidad es compleja y que tendemos a llamar real lo que puede verse y palparse. Sin embargo, lo verdaderamente real no está al alcance de la mirada fácil y furtiva, todo lo contrario. Detectar la realidad primera de lo que mueve al ser y al mundo es oficio de topos, pues lo real gusta de hacer nido por galerías  subterráneas del corazón y la mente, y de ahí que rememore la citada naturaleza de topo para arañar y apartar esas envolturas primeras que impiden ver la verdad última de nuestra realidad de homínidos surgidos de una nebulosa de instintos, ¿para sobrevivir? La grandeza del arte quizá estribe en humanizar tal galaxia de impulsos para que lo mejor de uno mismo aflore en el proceso de la creación estética. Por otro lado el enigma del acto de crear se convierte en un pozo sin fondo de interrogantes. ¿Qué incita a un poeta de la línea y el color embadurnar un lienzo en blanco? ¿Qué lógica mueve el acto de grabar, de esculpir? ¿Qué emoción oculta? ¿Qué pasión por pintar al óleo, al temple, al fresco, al pastel, a la acuarela? Si el artista supiera el móvil, ¿acaso no caería el pincel de su mano?  Pisad un estudio, por ejemplo, el del propio Vento, un artista tocado por la problemática de la vida. Un universo se nos viene encima: óleos, esculturas, aguatintas, grabados, dibujos, figuras, bodegones, paisajes, naturalezas muertas… Y cuidado, ahora no hay que dispersar el pincel que vuela por la tela, es mejor oír el silencio, un silencio  donde se percibe el desafío por integrar en una misma unidad estética un abanico de lenguajes: movimiento, composición, perspectiva, claroscuro, sombra, color… Aludimos a los temas formales, se trata de vestir con las mejores galas un ensueño de arte, una idea que dé plenitud al soporte que la contiene. Mimar la forma para que el mensaje alcance por igual los sentidos de quien contempla la obra es la gran pirueta de la creatividad. También la potencia expresiva es el mejor de los vehículos para que circule el compromiso de un creador con su tiempo. En Vento hay todo un repertorio temático cuya fuente de inspiración pasa por diversas secuencias de la existencia humana: el amor, la pareja, la maternidad, la denuncia social se convierten en óptimas vitaminas para sus lienzos y esculturas. Ante esta exposición retrospectiva,  fruto de una vida abocada al arte, cabría decir algo parejo a lo que murmuró Delacroix de sí mismo: estoy siempre devorado por la pasión de aprender.

 

Eduardo Quiles

Dramaturgo y Director de la Revista Art Teatral

Eduardo Quiles ,J. Vento


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